Alexandre Escot

Principios

Introducción.

Principio 1: Aprende a avanzar antes que a llegar a tu destino.

"Aprende a avanzar antes que a llegar a tu destino."

El gran error es concentrarte en los resultados en lugar de en convertirte en la persona que logra los resultados. Por este motivo no logras lo que quieres, te estás desconectado del camino, del proceso y solo piensas en la meta.
 
Te concentras en la meta porque necesitas esa motivación para sostener el proceso, ya que el proceso te hace sufrir.
 
¿Y si en lugar de evadirnos del sufrimiento intentamos descubrir qué es lo que en realidad lo produce y nos proponemos reducirlo?
 
Lo que te hace sufrir es que el camino tiene una complejidad mayor que la capacidad que tienes en este momento. Es como si te piden que juegues a un juego al que no sabes jugar, todo el tiempo estarás perdiendo y no lo pasarás bien. Te concentrarás en la meta para aguantar, pero no servirá de nada. Todo el tiempo que dure el juego seguirás sufriendo y al final perderás.
 
Es necesario que aprendas a jugar, que entiendas las reglas, que te conviertas en alguien que tiene posibilidades reales de ganar (aplicado a la vida, ganar es tener posibilidades reales de ser feliz, de obtener abundancia y libertad).
 
Perseguir el éxito es fracasar. Esforzarse por convertirse en quien sabe tener éxito, independientemente de lo que haga, del contexto, de las posibilidades… Es ser una persona exitosa.
 
Cuando trabajas en tu propio desarrollo, adquiriendo las aptitudes y la mentalidad para conseguir la vida que deseas, conseguirlo es inevitable.
 
Mi herramienta para ti en este primer principio es un recurso que aprendí en la filosofía taoísta. El principal libro del taoísmo es el Tao Te Ching de Lao Tse, en esta filosofía se desarrolla el concepto del Tao como símbolo del movimiento natural de la vida. Otro concepto que aparece es el del «wu wei» que suele traducirse como «no acción». Este concepto no significa «no hacer nada», significa evitar la acción impulsada por uno mismo, ya que esta suele partir de la necesidad, de la carencia, de la búsqueda del premio y nos desconecta del camino. El concepto de wu wei propone «responder» a las demandas del medio a medida que van surgiendo, ser parte del fluir natural de la vida. Ahí encontramos el símbolo del Yin y del Yang (que veremos más adelante en los siguientes principios), la propuesta de este símbolo es pasar a formar parte del movimiento complementario de la vida en lugar de una acción finita, y esto se consigue encontrando aquello que hay del otro, en mí.
 
Dentro del taoísmo y del concepto del wu wei, hay una corriente basada en el Kung Fu (el arte marcial), que es el Wing Chun (se traduciría como primavera eterna), una forma de Kung Fu muy especial desarrollado por una sacerdotisa que escapó de un templo Shaolin. Este arte marcial es súper interesante ya que se basa en el concepto de wu wei, así que nunca agredes a tu adversario, lo único que haces es responder a sus acciones, creando un continuo en el que cuando más intenta dañarte, más se daña.
 
En el Wing Chun hay 4 principios basados en la relación que se establece con el oponente. Estos principios están orientados al enfrentamiento:
  1. Si el camino está libre, avanza.
  2. Si te encuentras con un obstáculo, quédate pegado.
  3. Si tu oponente es más fuerte, cede.
  4. Si tu oponente se retira, sigue adelante.
Después de estudiarlos y aplicarlos en la práctica del Wing Chun, me di cuenta de que el oponente puede ser cualquier forma de obstáculo en la vida. Así poco a poco los fui adaptando hasta convertirlos en 3 principios que me guían para saber cómo relacionarme con la vida:
  1. Si el camino está libre, avanza.
  2. Si aparece un obstáculo, detente y aprende.
  3. Si te pierdes, retrocede.
Para elaborar estos 3 principios, primero llegué a la conclusión de que el primer y cuarto principio del wing chun, se podían unificar. Después concluí que el segundo y tercer principio del wing chun también se podían unir en un aprendizaje frente al obstáculo. Por último, añadí el tercer principio, basado en la forma de volver a conectar con el Tao una vez que la persona se ha desalineado (perdido).
 
Estos 3 principios quedan mejor explicados en el vídeo y a mí personalmente me sirven como guía para saber cómo afrontar la mayoría de momentos de mi vida. Me ayudan a seguir avanzando (y así controlar mi mente y los miedos paralizantes), me ayudan a reducir la velocidad cuando me siento inseguro de tal modo que evito que los obstáculos me dañen y por último, cuando he aplicado fuerza, me ayudan a ser humilde, retroceder sobre mis pasos y reencontrar el equilibrio.
 
Mediante estos 3 principios tan sencillos (pero en ocasiones tan difíciles de aplicar sobre aquellas cosas que nos suceden) aprendo a avanzar, a detenerme y a retroceder, para seguir avanzando de la forma correcta. Me ayudan a convertirme en «el que avanza» en lugar de perseguir ser «el que llega».
 
Soltamos así el objetivo final de perseguir algo, por un proceso continuo de ser alguien que cada vez avanza mejor.

Si quieres profundizar en el Tao:

Principio 2: Emprende el proceso de convertirte en quien puedes llegar a ser.

"Emprende el proceso de convertirte en quien puedes llegar a ser."

En ese camino del que hemos hablado en el primer principio, ponemos el foco en que aprendas a avanzar. No para llegar a una meta concreta, sino para desarrollarte y convertirte en alguien que avanza hacia una vida más plena, más satisfactoria, con más abundancia y libertad.
 
Pero ese «alguien» que eres tú, a base de avanzar, superar obstáculos, perderse y reencontrarse, pasará por un proceso de transformación, palabra que viene del latín transformatio y significa «acción y efecto de pasar de una forma a otra».
 
Volviendo al taoísmo, sobre todo a los libros más antiguos, se hace referencia a los nombres y a las formas. En esos libros se dice que a cada forma le corresponde un nombre (refiriéndose a las castas sociales, por ejemplo, como la nobleza de la época o los campesinos). Si tienes una forma, tienes un nombre y si tienes otra forma tienes otro nombre. La gente quiere cambiar de nombre, pero no hace el proceso de cambiar su forma. Ese anhelar lo que deseamos, sin hacer el proceso de cambiar nuestra forma hasta convertirnos en quién posee lo deseado, es el error de quienes nunca lo consiguen.
 
Puedes desear y perseguir lo deseado, siempre y cuando te des permiso para «soltar» aquello que deseas (para no imponer tu fuerza, como dice el wu wei) y transformarte en quién accede a ello.
 
Ahora es el momento de profundizar en una herramienta para guiarnos en el proceso de transformación que yo utilizo muchísimo en mi vida y estas son los «Gunas».
 
Los Gunas son un concepto que descubrí en un texto sagrado llamado Bhagavad Gita, un misterioso texto escondido dentro del gran libro de la India, el Mahábhárata (imagino que lo escondieron entre sus miles de páginas, aunque no pinta nada, porque sabían que de este modo no se perdería. Y así ha sido, convirtiéndose en uno de los clásicos religiosos más importantes del mundo).
 
Los Gunas son 3 cualidades de las que está compuesto el universo y por defecto, las personas (no voy a profundizar en esta filosofía):
 
  • Tamas.
  • Rajas.
  • Sattva.
(Hay muchas maneras de escribirlas, creo que no es la correcta, pero es tal y como lo pronuncio y me da la sensación de que será más fácil para entendernos.)
 
En el vídeo te cuento las características de cada uno de los gunas, y cómo dejando de verlos como formas independientes, encontramos en ellos un proceso que nos lleva a dejar de castigarnos, juzgarnos y tratarnos mal, para empezar a entendernos, respetarnos, cuidarnos y querernos.
 
En ocasiones, hay que darse permiso para dejarse caer y rendirse, soltando todas las obligaciones y estando en Tamas. Del mismo modo, hay que elegir cuando queremos salir de Tamas. Aprendiendo a identificar la diferencia entre cansancio y apatía o pereza. Y justo ahí, empezar a imponer un orden Rajásico, sostenido sobre motivación, determinación y voluntad.
 
Entender este proceso de Tamas a Rajas es fundamental ya que es el que más veces repetiremos a lo largo de nuestra vida. Igual que aceptar volver de Rajas a Tamas, ya que significará que no estamos logrando trascender a Sattva. Ahí lo que está sucediendo es que el miedo, apego o necesidad hace que nos aferremos en Rajas demasiado, desgastando nuestra voluntad y agotándonos. Repetir muchas veces este proceso hace que le perdamos el miedo a Tamas y es entonces cuando vivimos Rajas de forma relajada, pudiendo pasar a Sattva.
 
Entender Sattva también es importante ya que en la actualidad aparentar ese estado es una moda completamente estética. Creamos entornos con apariencia sáttvica, cocinamos platos con apariencia sáttvica, participamos en grupos de yoga con ropa yogui para parecer sáttvicos, pero dentro de nosotros estamos completamente rajásicos diseñando ese momento para echar la foto y publicarla en Instagram.
 
Hay que darse permiso para «no ser», para «intentar ser sin lograr serlo» y para «ser». Sin apegarnos a esos estados y aceptando que la vida son una serie de ciclos en los que en cada nuevo paso que damos, volvemos a empezar. Siendo en cada nuevo ciclo aprendices de la vida que están perdidos en Tamas, que intentan llegar a un orden en Rajas y que lograrán equilibrarse en Sattva.

Recomendaciones:

Principio 3: Haz que el miedo desaparezca.

"Haz que el miedo desaparezca."

Es muy difícil vivir con miedo. Sobre todo, porque el miedo nos hace dudar, aunque el camino esté libre y podamos avanzar. El miedo nos hace acelerar, para huir de aquello que tememos, sin atender a los obstáculos que aparecen, haciéndonos pedazos al chocar con ellos. El miedo nos hace dudar y perdernos y aun estando perdidos seguir avanzando, cuando lo que deberíamos hacer es volver atrás.
 
El miedo nos hace encerrarnos y evitar nuestras responsabilidades atrapándonos en Tamas. También nos impide disfrutar de las experiencias y soltar el control de Rajas para acceder a Sattva.
 
Por todo ello, debemos hacer que el miedo desaparezca. Esta es una afirmación muy osada porque la gente está acostumbrada a vivir con miedo. Pero si entendemos el mecanismo del miedo, podremos superarlo.
 
Yo para eso uso la visión del cristianismo, del diablo.
 
El diablo es un personaje creado como metáfora del diálogo interno, esa voz que aparece dentro de nuestra cabeza cuando tenemos miedo, cuando dudamos, cuando no nos atrevemos a dar el paso. Por ello:
 
El diablo es el «di hablo», la doble habla.
 
Es voz que en los momentos complicados te manipula para que no hagas lo correcto y caigas en los 7 grandes vicios humanos, llamados pecados:
 
Lujuria, gula, avaricia, pereza, ira, envidia y soberbia.
 
Lo primero que debemos entender es que caemos en estos pecados, por debilidad.
 
Tenemos una intención de hacer algo, por débil que sea, hay un impulso de avanzar (la intención siempre es un impulso de ir hacia adelante). Pero nuestra mente quiere ponernos a prueba. Quiere que antes de dar el paso demostremos que estamos preparados y somos capaces de afrontarlo y de asumir los daños.
La mente no tiene ninguna intención de que sea feliz, su objetivo es que sobrevivas.
 
Así cuando te nace ese impulso de avanzar, aparece una voz en tu cabeza que te dice: No lo hagas. Ten cuidado. Esto no es para ti. Mejor haz esto otro (vicio).
 
Y será en ese momento en el que se te estará poniendo a prueba.
 
Si no te has preparado, sucumbirás al miedo y te mantendrás en tu zona de seguridad.
 
Si te has preparado, escucharás la voz, pero cualquier duda que te presente será superada porque sabrás lo que tienes que hacer y tendrás la capacidad de hacer frente a las adversidades.
 
Personalmente, cuando aparece un miedo o duda, lo que hago es escuchar. Observo hasta qué punto tiene poder sobre mí. Eso me indica que no estoy preparado y en consecuencia me enseña que esa falta de preparación o de capacidad me está llevando a un obstáculo. Entonces desacelero, bajo el ritmo y me preparo, capacitándome para poder superar el obstáculo.
 
De este modo, el diálogo interno, no solamente es un mecanismo que ya no me paraliza, sino que me indica lo preparado que estoy en relación a los pasos que estoy dando. Además, es un indicador de cuando reducir la velocidad y dejar de avanzar, para prepararme para un obstáculo.
 
El diablo es el gran adversario, porque te enfrenta contigo mismo, sin darte cuenta que estás interactuando con algo que no eres tú.
 
Aprende a identificarlo, a superarlo y convierte a tu mayor enemigo en tu aliado.

Te recomiendo ver la película:

Principio 4: Entiende el contexto.

"Entiende el contexto."

Ahora sabes relacionarte con el camino, entiendes tu proceso de adaptación a los cambios y en cada paso te transformas en alguien más complejo y más capaz de afrontar los desafíos que la vida te presenta. Además, cuando sientes inseguridad la usas cómo indicador de una falta de recursos para afrontar un nuevo aspecto de tu vida y eso te ayuda a saber cómo capacitarte.
 
Pero, ¿Qué está pasando?
 
Saber relacionarte con la vida no es suficiente, también necesitas entenderla.
 
Mi herramienta para entender la vida es el Yin y el Yang, ¿te suena este símbolo?
Estos 2 conceptos taoístas sirven para explicar la dualidad que existe en todos los elementos del universo y el modo en el que se establecen los procesos de cambio. Esta dualidad se encuentra en el I Ching, el libro de las mutaciones, que parece tener una antigüedad de dos milenios antes de Cristo.
 
La paradoja del Yin y del Yang, hace que mucha gente use erróneamente este concepto para identificar un estado. Cuando lo que el I Ching muestra es «un proceso de cambio» altamente complejo reflejado en una metáfora.
 
Tú no estás Yin o no estás Yang, ni eres Yin ni eres Yang. Tú estás en una fase Yin pasando a Yang o en una fase Yang pasando a Yin. Otro concepto que a mí me ayudó a entender los cambios desde el modelo que presenta el I Ching es entender que Yin tiene dos fases: joven y viejo. Y Yang tiene dos fases: joven y viejo.
 
De este modo hay 4 fases:
 
Yin joven -> Yin viejo -> Yang joven -> Yang viejo.
 
El Yin envejece y pasa a Yang. El Yang envejece y pasa a Yin.
 
Por eso en el símbolo aparecen los dos puntos del color opuesto dentro de cada color. Cuando uno envejece, empieza a surgir el opuesto en sí mismo, derivando en una nueva fase de la transformación.
 
Te pongo un ejemplo:
 
Yin nuevo: Cuando una idea empieza a formarse en tu cabeza. Te ilusiona, buscas sobre ello, indagas, intentas acercarte.
 
Yin viejo: Eso cada vez está más cerca, incluso empieza a materializarse y cada vez piensas menos en ello porque cada vez estás más en contacto con ello.
 
Yang nuevo: Eso ya es una realidad, se ha materializado, está sucediendo. Dejas de imaginar y soñar. Ya es y está. Lo experimentas.
 
Yang viejo: Estás en contacto con ello te cambia. Cada vez piensas menos en ello, te ilusiona menos, y empiezas a sentir curiosidad por otras cosas. Tu vínculo con ello está desapareciendo.
 
Sea un proyecto, una afición, un amor, una amistad… Siempre pasamos por estos ciclos.
 
Lo importante para entender el propio proceso de cambio es entender el contexto, entender los principales elementos de tu vida en qué fase están.
 
¿Tu relación está en una fase Yin viejo iniciando o en una fase Yang joven completamente viva? O, por el contrario, ¿Tu relación está en una fase Yang viejo y no quieres soltar algo que ya ha terminado?
 
¿Tu proyecto es solo una idea que no se materializa? ¿Se mantiene siempre en un Yin joven? Quizás no se materializa porque hay obstáculos que no estás afrontando, si es así podrías capacitarte.
 
¿Quieres que tu proyecto se mantenga en Yang joven? Quizás podrías crear nuevas ideas y materializarlas para nutrir tu proyecto. Aportar energía nueva Yin y así seguir manteniendo joven el Yang de tu proyecto.
 
Esto son ideas, que no solamente te permiten entender tu contexto, también te permiten interactuar con el propio proceso de cambio de una forma activa.

Te recomiendo:

Principio 5: Recuerda quién Eres.

"Recuerda quién Eres."

Es triste, pero a veces nos olvidamos de quién somos.
 
La vida va pasando, no conseguimos lo que nos proponemos, vemos las cosas más difíciles de lo que imaginábamos y empezamos a ser cada vez más permisivos con cosas que no queremos y que no encajan con nosotros. Así es como nos convertimos en lo que los demás quieren que seamos o en aquello en lo que encajamos por defecto. En cualquiera de los casos, sufrimos una barbaridad para sostener una vida que no es la que queremos.
 
En este punto es cuando uno debe mirarse al espejo y preguntarse:
 
¿Quién soy?
 
Y posiblemente la respuesta es: No lo sé.
 
Por ello, es necesario «recordar quién eres» para volver a «sentirte siendo tú». No hay un modo concreto de hacerlo, no hay un paso a paso. Solo es darte un tiempo para estar contigo a solas, pasear, viajar, estando solo contigo y recordando esa sensación de sentirte de nuevo.

Cuando te sientes, estás reconectando con la esencia. Te estás reencontrando.
 
Es ahí donde me oriento hacia mi mejor versión:
 
Si ahora mismo fuese mi mejor versión, ¿Qué haría?
 
Y lo hago. Sin importar si tengo que destruir todo lo que llevo construido. Sin importar los riesgos que corra. Sin importar aquello que quiero o que necesito. Solamente hago aquello que realmente debo hacer para seguir dando lo mejor de mí en la arena.